Mujeres en Acción llega a miles de trabajadores del campo.
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Mujeres en Acción llega a miles de trabajadores del campo.

Algunas mujeres están instaladas con mesas informativas afuera de Los Mercados en East Alisal, en Salinas; todas son promotoras de salud comunitaria de Mujeres en Acción.

Su objetivo es sencillo: acercarse a los trabajadores del campo a la hora del almuerzo para compartir información sobre los derechos laborales a través del Proyecto de Alcance en los Lugares de Trabajo de California (California Workplace Outreach Project). Esta iniciativa es financiada por el Departamento de Relaciones Industriales de California.

Mujeres en Acción, fundada en 2015, ofrece recursos y oportunidades de aprendizaje a mujeres a lo largo de los condados de Monterey, Santa Cruz y, recientemente, San Benito. Estas promotoras de salud se instalan de tres a cuatro veces por semana en diversos puntos de Salinas y las zonas del sur del condado, con el fin de educar a los trabajadores vulnerables y de alto riesgo sobre seguridad en el trabajo, derechos laborales y protección salarial.

“Llegamos a más de 10,000 trabajadores al año”, dice María Rodríguez, coordinadora del programa de Mujeres en Acción.

Durante la semana, estas mujeres brindan información de 9:00 a 11:00 a. m. cerca de panaderías, de 1:00 a 4:00 p. m. cerca de tiendas y bibliotecas, y los domingos en las iglesias a partir de las 7:00 a. m. Unas cuantas veces al año también participan en ferias de recursos u otros eventos comunitarios.

Una de estas promotoras de salud, Adriana Santana, estuvo alguna vez en la misma situación que estos trabajadores. Dice que quiere ayudar a las personas con las que se identifica y asegurarse de que reciban los recursos que a ella le hubiera gustado tener cuando trabajaba en la pisca de fresa.

“Cuando trabajaba en la fresa, cualquier tiempo después de las 10 horas se consideraba sobretiempo (overtime) y a veces trabajaba más de esas horas sin que me las pagaran”, dice Santana. “Estas compañías abusan de los trabajadores y sigue pasando con la producción: te presionan para hacer más de lo que puedes”.

Verónica Martínez, quien también trabaja en el programa de alcance comunitario y laboró en los campos de fresa alrededor de 2011, comenta que algunas compañías pagan a estos trabajadores por caja (mordida) en lugar de por hora.

“Las compañías pedían siete cajas por hora cuando yo trabajaba en el campo y, si no cumplías con ese requisito, te daban una llamada de atención (a mark); a la segunda llamada de atención, te corrían”, dice Martínez. “Para asegurarme de cumplir con la cuota, a veces no tomaba mi descanso ni iba al baño para alcanzar a empacar suficientes cajas”.

La temporada de la fresa comienza en abril y termina alrededor de octubre y, según Martínez, puede ser más difícil cumplir con esas cuotas fuera de esos meses. Ella también habla la lengua mixteca, un idioma indígena mesoamericano hablado por muchas personas de Oaxaca, México.

“Veo la necesidad de lo que hacemos y eso me motiva, especialmente para ayudar a la comunidad mixteca”, expresa. “Muchos no saben leer ni escribir y me encanta ayudarlos también por teléfono después de sus horas de trabajo, hablándoles en su lengua nativa para que se sientan más cómodos”.

Tanto Martínez como Santana coinciden en que muchos trabajadores temen sufrir represalias si alzan la voz o toman medidas de cualquier tipo ante el abuso en el trabajo. Por eso se aseguran de hacerles entender que es importante actuar, independientemente de su estatus migratorio.

Un miembro de la comunidad, quien iba pasando por ahí y se interesó en obtener más información, dice que ha trabajado en el campo durante 43 años.

“A mí no me da miedo hablar, pero al final he visto que el orgullo de demasiada gente es muy grande como para estar dispuestos a alzar la voz”, dice Mandujano. “Y aunque yo exprese mis preocupaciones, no puedo contar con la ayuda de mis compañeros”.

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