Y las fallas en el sistema de inocuidad alimentaria. Un reportaje especial.
Aproximadamente dos meses y medio después del inicio de la temporada de ciclosporosis, que típicamente comienza el 1 de mayo, el Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., Robert F. Kennedy Jr., declaró en una famosa conferencia de prensa en julio: “Tenemos el brote bajo control”. Su departamento supervisa la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), dos agencias federales responsables de trabajar con agencias públicas estatales para detectar el brote e investigar posibles fuentes de alimentos vinculadas al parásito.
Desde el 1 de mayo, casi 19,600 personas han enfermado por esta infección transmitida por alimentos en 49 estados, registrándose 1,043 hospitalizaciones y dos muertes. El brote de ciclosporosis de este año es el peor registrado en la historia, según un análisis del grupo de defensa del consumidor U.S. PIRG Education Fund, y el tercero más grande de enfermedades transmitidas por alimentos, detrás de dos brotes de salmonela, uno en 1994 y otro en 1985.
“Ciertamente hay menos recursos humanos y capacidad debido a los cambios tanto en el CDC como en la FDA”, dice Trevor Suslow, profesor de UC Davis que se desempeña como asesor técnico del Centro para la Inocuidad de Productos Frescos (Center for Produce Safety). “Han perdido a un número considerable de su personal sénior experimentado en las divisiones que antes manejaban esto, y también han cambiado los requisitos de notificación dentro de sus sistemas centinela”.
En 2025, la FDA perdió el 21 por ciento de su personal. El CDC perdió el 15 por ciento de su personal. Los despidos fueron parte de la “transformación para Hacer a América Saludable de Nuevo” del HHS, en conformidad con la orden ejecutiva del Presidente Donald Trump, “Implementando la Iniciativa de Optimización de la Fuerza Laboral del ‘Departamento de Eficiencia Gubernamental’ del Presidente”.
En abril de este año, el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) anunció que desmantelaría su Centro de Investigación Agrícola en Beltsville, lo que impactó los experimentos en curso que generan datos sobre cómo se comportan estos patógenos y cómo controlarlos. Desde entonces, según reportes de prensa, se han recortado dos de los tres proyectos de investigación sobre inocuidad alimentaria dedicados a estudiar el parásito.
Sin embargo, el brote ha puesto una enorme atención sobre el sistema de inocuidad alimentaria de las frutas y verduras. Aunque la respuesta y el rastreo han sido irregulares —la FDA y el CDC están investigando al menos otros seis brotes hasta el 31 de agosto, cuyas fuentes aún no se han confirmado—, muchos expertos argumentan que las normas y regulaciones de inocuidad alimentaria son generalmente sólidas pero no perfectas, mientras que la investigación para la prevención puede y debe mejorarse.
“Cada programa se puede revisar para su optimización, para el mejor uso de los recursos y para refinar los proyectos”, dice Suslow. “Pero decir simplemente que todo desaparece es una pérdida para la ciencia y el público”.
LA CICLOSPORA ES NOTORIAMENTE DIFÍCIL de detectar en el medio ambiente y de estudiar en el laboratorio. A diferencia de la E. coli y la salmonela, bacterias que se pueden cultivar y multiplicar en un entorno de laboratorio, la ciclospora no puede. Por lo tanto, los investigadores tienen que intentar encontrar una cantidad diminuta de oocitos (estructuras microscópicas del parásito) en una muestra determinada de agua, suelo o producto agrícola.
A lo largo de un campo entero, o en las vastas cantidades de agua utilizadas en la agricultura, la contaminación es extremadamente irregular, lo que hace que los planes de muestreo estándar no tengan la capacidad suficiente para detectar algo tan disperso.
“Es como buscar una aguja en un pajar”, dice Joelle Mosso, vicepresidenta asociada de programas científicos de la Western Growers Association. Agrega que las pruebas son tan buenas como lo sea el muestreo, y en el caso del agua o los productos agrícolas, se necesitan volúmenes muy grandes para encontrar una muestra del parásito, que probablemente esté muy diluido.
“Necesitamos dar un paso atrás y decir: ‘Queremos que la prueba nos enseñe algo para que podamos ser mejores en el futuro’, y eso puede requerir un enfoque muy diferente sobre cómo vemos las pruebas y la tecnología”.
El principal sistema preventivo de inocuidad alimentaria de la FDA se conoce como la Regla de Inocuidad de los Productos Agrícolas Frescos, bajo la Ley de Modernización de la Inocuidad de los Alimentos (FSMA), que proporciona un marco para evaluar las rancherías o labores que cultivan productos que generalmente se consumen crudos o reciben poco procesamiento. La FDA cuenta con inspectores que visitan los campos en persona: hacen cosas como recorrer los labores, entrevistar a los trabajadores y examinar registros y prácticas. Los reguladores federales también trabajan con agencias reguladoras estatales para realizar inspecciones.
Pero fueron los Acuerdos de Comercialización de Hortalizas de Hoja de California y Arizona (LGMA), formados una década antes de la FSMA, los que dieron forma al marco federal de inocuidad de productos agrícolas. El brote de E. coli en 2006 vinculado a espinacas contaminadas impulsó a los líderes de la industria y a los reguladores estatales a crear normas más estrictas.
LGMA creó un código de conducta muy detallado que exige a los agricultores revisar aspectos como la calidad del agua, la higiene de los trabajadores, los usos del suelo y las enmiendas del suelo, un modelo que sigue sirviendo de plantilla para el aprendizaje de la FDA. En agosto, el personal de LGMA organizó un recorrido educativo por un labor en el Valle de Salinas para el personal de inocuidad de productos frescos de la FDA, donde los asistentes aprendieron cómo trabaja LGMA para minimizar el riesgo relacionado con el agua agrícola.
“Es importante recordar que, aunque no hay un número aceptable de brotes, la industria realmente trabaja muy duro día tras día para tratar de mantener los alimentos seguros”, dice Jennifer McEntire, fundadora de Food Safety Strategy, una firma de consultoría en inocuidad alimentaria con sede cerca de Washington, D.C. “Temo que a veces con estos brotes existe la percepción de que todo se trata de ganancias”.
En California y Arizona, la ciclospora no ha representado un riesgo tan grande históricamente, dice Mosso, enfatizando que cuando se trata del manejo de riesgos, el riesgo es dinámico y no es el mismo en todas partes. Aunque el parásito ha sido un riesgo menor en California, los protocolos de LGMA pueden tener un impacto indirecto en la reducción de las posibles vías de transmisión de la ciclospora.
Según expertos destacados, se necesita una vigilancia activa, y una parte crítica de ello es la investigación a largo plazo.
“Hay muy pocas personas en el mundo que sean expertas en este organismo”, dice Mosso. “No es tan simple como mover un laboratorio y poner a gente nueva a hacer el trabajo. Se necesitan décadas para aprender y convertirse en experto en algo.
“A más largo plazo, debemos considerar de manera integral nuestro sistema alimentario y cómo queremos diseñarlo. ¿Queremos diseñarlo de modo que solo persigamos los brotes, o lo diseñamos para identificar formas de prevenirlos?”.
EL PRIMERO DE JULIO, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Michigan anunció que estaba investigando activamente un brote grande y creciente de ciclosporosis, una enfermedad diarreica.
“Hasta el martes 30 de junio, se han reportado más de 170 casos”, decía el anuncio. “Típicamente, Michigan solo identifica alrededor de 50 casos de ciclosporosis al año”.
Poco más de dos semanas después, esa cifra había aumentado a 7,000 casos, extendiéndose a varios estados. Fue a través de primicias periodísticas que el público se enteró por primera vez de que los funcionarios federales estaban investigando a Taco Bell y a su proveedor de lechuga, Taylor Farms, como una probable fuente de contaminación.
Lo que siguió fue un comienzo sumamente accidentado para lo que típicamente debería ser la comunicación de salud pública. El 17 de julio, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. vinculó a Taylor Farms de México con el brote como el proveedor de “lechuga iceberg picada utilizada por los establecimientos de Taco Bell donde las personas enfermas comieron antes de enfermarse”.
Dos días después, la FDA se retractó del resultado de una prueba independiente, diciendo que el hallazgo era un falso positivo, pero aún así mantuvo la vinculación de Taylor Farms con el brote. Taylor Farms respondió diciendo: “Hoy, la FDA nos pidió una disculpa”, lo cual la FDA negó públicamente. Más tarde, Taylor Farms eliminó su publicación sobre la disculpa.
La confusión aumentó. “Esta muestra de laboratorio falso positiva NO cambia la base de la investigación en curso de la FDA sobre el brote ni los abrumadores datos epidemiológicos que respaldan el retiro voluntario actual por parte de Taylor Farms”, anunció la FDA. Mientras tanto, funcionarios de salud estatales en Carolina del Norte comenzaron a decir que el perejil y el cilantro parecían estar potencialmente vinculados a casos en el estado. La FDA aún no ha hecho ningún anuncio sobre este vínculo.
“Mantenemos los mejores protocolos de prevención de ciclospora en su clase e invertimos más de $200 millones anualmente en nuestros protocolos de inocuidad alimentaria auditados y verificados de manera independiente”, escribió un portavoz de Taylor Fresh Foods en una declaración al Weekly. La empresa afirma que había suspendido temporalmente la producción de todos los productos el 18 de julio y encargó a expertos independientes la realización de una “revisión exhaustiva de los procesos y protocolos de inocuidad alimentaria en nuestra instalación del central de México”.
El Weekly presentó una solicitud bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) ante la FDA buscando todas las comunicaciones y registros relacionados con los resultados de sus pruebas, notificaciones y hallazgos con respecto a Taylor Farms y su papel en el brote. El 25 de agosto, la FDA respondió: “Denegamos su solicitud en su totalidad”.
El fundamento de la denegación es que la agencia tiene permitido retener registros “compilados con fines de aplicación de la ley cuando cabría esperar razonablemente que su divulgación interfiera con los procedimientos de aplicación de la ley”.
Tanto razones biológicas como regulatorias han hecho que el parásito sea particularmente difícil de rastrear y de contener su propagación, según la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins. Además de los recortes de personal y financiamiento para las inspecciones, argumentan que una mayor parte del sistema queda dependiendo de la participación voluntaria de la industria.
Programas como FoodNet, un sistema de vigilancia activa conjunto de la CDC-FDA-USDA-EPA, ayudaban con esto, creando una imagen detallada de las tendencias de enfermedades transmitidas por alimentos en 10 sitios centinela que cubren el 16 por ciento de la población nacional. En julio de 2025, el reporte de ciclospora, junto con otros cinco patógenos, pasó a ser opcional. Aunque el CDC todavía trabaja con agencias locales y estatales para recibir reportes de datos sobre la enfermedad, los expertos argumentan que reducir los requisitos de notificación de FoodNet debilita nuestra profundidad y comprensión de las tendencias de la ciclospora y otros patógenos.
Un artículo publicado en la revista The Lancet Microbe en agosto examinó detenidamente las lagunas en el conocimiento sobre el parásito y también las fallas del sistema que no lo detectó.
“La pregunta filosófica que plantea este brote es fundamental. Las mayores victorias de la salud pública son invisibles: los brotes que no ocurren y los casos que nunca se cuentan”, escribieron los autores. “La vigilancia activa constituye la base sobre la cual se construye este éxito invisible; es el trabajo constante, poco vistoso y costoso de observación que permite la intervención en los márgenes y evita catástrofes”.
EL OOCITO DE CYCLOSPORA CAYETANENSIS, un protozoo unicelular, mide aproximadamente entre 8 y 10 micras de diámetro, o 8 milésimas de milímetro.
Su único huésped conocido es el intestino humano, donde completa su ciclo de vida, y el excremento de una persona infectada contiene oocitos.
El parásito no se transmite de persona a persona; la materia fecal humana recién expulsada no es infecciosa. Puede tomar una semana o más fuera del huésped humano para que esos oocitos pasen por otro paso biológico, la esporulación, que ocurre únicamente fuera del cuerpo. A partir de ahí, si esos oocitos esporulados entran en contacto con alimentos y son consumidos por otros, el ciclo de infección continúa. Como lo expresan los CDC: “La ciclospora se propaga cuando las personas comen alimentos o beben agua contaminada con heces (excremento) humanas”.
Requiere un huésped humano para completar su ciclo de vida y, con las capacidades de investigación actuales, los científicos no pueden replicarlo en un tubo de ensayo. Pero no solo es difícil de estudiar, sino que las gruesas paredes del protozoo lo hacen resistente a herramientas como los desinfectantes. (Cocinarlo sí lo mata, lo cual no ayuda en el caso de la lechuga, fresas, moras y otros productos agrícolas que se consumen crudos).
Hay una estacionalidad en las enfermedades por ciclosporosis, generalmente de mayo a agosto. Las condiciones ambientales, en particular el clima más cálido, son favorables para que el parásito crezca fuera del cuerpo, sin mencionar que gran parte de los productos agrícolas implicados por el organismo se cosechan durante esos mismos meses.
En junio, David Ott, de Texas, estaba en Youngstown, Ohio. Dos veces, el 18 y el 20 de junio, compró Taco Supremes en la tienda Taco Bell número 027999. Para la mañana del 22 de junio, ya estaba enfermo: “dolor abdominal insoportable, gases horribles, diarrea, unas ganas constantes de vomitar, fiebre baja, mareos, náuseas y dolores de cabeza”, según una demanda presentada en julio.
Estuvo hospitalizado durante dos días y luego lo enviaron a casa con un antibiótico. Dio positivo por ciclospora.
Aunque el parásito rara vez es mortal, es muy agresivo, como lo revela el ejemplo de Ott, uno entre miles.
Se cree que el veterano del Ejército con 27 años de servicio es el primer demandante de más de mil, y contando. El abogado Ron Simon, de Ron Simon & Associates con sede en Texas, representa a Ott y a otros 1,200 demandantes en 29 estados hasta el momento. Ott está demandando a Taco Bell y a Taylor Farms.
Simon prevé que las empresas implicadas eventualmente pagarán cientos de millones de dólares en acuerdos a miles de demandantes. “Este es el brote más grande en la historia de Estados Unidos”, dice. (Simon no presenta demandas colectivas, calificando ese enfoque de “perezoso”. “Cada uno de estos clientes tiene facturas médicas diferentes, diferente cantidad de tiempo que estuvieron enfermos y una historia diferente”, agrega. “Es mi trabajo asegurarme de que sean escuchados”).
También hay al menos un caso de demanda colectiva federal ya presentado contra Taylor Farms y Taco Bell. El enfoque son las pérdidas económicas, en lugar de daños personales por intoxicación alimentaria. El demandante principal, Lawrence Null de Virginia Occidental, compró tres burritos de queso, frijol y arroz con lechuga iceberg en un Taco Bell el 29 de junio. “El demandante no habría comprado los productos, o no habría pagado el precio que pagó, si hubiera sabido que la lechuga estaba contaminada y no podía venderse legalmente para consumo humano”, según el caso.
Simon espera que podamos aprender más sobre lo que sucedió a través del litigio. Mientras tanto, los investigadores en México continúan investigando lo ocurrido. “El CDC está tratando de rastrear todo esto, están haciendo un trabajo bastante bueno, pero se quedaron atrás”, dice. “Una gran parte del problema es esta administración, no importa de qué lado del espectro político se esté. Han hecho recortes mayores y simplemente no hay suficiente gente para investigar.
“Como resultado, este brote ocurrió, y ocurrió a una escala mucho mayor. Es como intentar resolver un problema con las manos atadas a la espalda. Se están partiendo el lomo trabajando, me da pena por ellos.
“¿De todos los lugares para recortar costos, van a recortar en nuestro sistema alimentario?”.
SI USTED MANEJA POR EL VALLE DE SALINAS a finales de julio, probablemente verá campos de lechuga siendo destruidos.
En los primeros días del brote de ciclospora, y en medio del desorden de la comunicación de la FDA al alertar al público sobre los hallazgos de su investigación, los consumidores comenzaron a temer el consumo de productos frescos. Las especulaciones en internet comenzaron a vincular a Taylor Farms como el proveedor incluso antes del anuncio oficial de la FDA el 17 de julio, el cual fue seguido rápidamente por Taylor Farms de México iniciando un retiro voluntario de lechuga iceberg proveniente del central de México.
Taylor Farms y varias asociaciones gremiales se apresuraron a enviar comunicados tratando de asegurar a los consumidores que la lechuga cultivada aquí era segura, pero la confianza del consumidor ya se había afectado.
“Se sintió un impacto económico aquí a pesar de que el producto no era de EE. UU., de California o de esta región”, dice Christopher Valadez, presidente y director ejecutivo de la Asociación de Cultivadores y Embarcadores del Central de California (Grower-Shipper Association of Central California). “Vimos que todas las operaciones, independientemente de su tamaño y escala, se vieron afectadas. En cuanto a las plantas procesadoras, también se vieron afectadas”.
Los precios de la lechuga iceberg sufrieron una caída del 16.4 por ciento en julio, según los informes del Índice de Precios al Consumidor. El escepticismo de los consumidores se extendió por todo el país, afectando a los cultivadores de lechuga en el Condado de Monterey, donde se cultiva aproximadamente el 56 por ciento de la lechuga bola (head lettuce) y el 61 por ciento de la lechuga de hoja (leaf lettuce) del país.
“No he sumado todo, pero en lechuga bola, creo que fueron alrededor de 50,000 cajas, lo que equivaldría a 50 o 60 acres de lechuga bola y aproximadamente la mitad de eso en lechuga romana”, dice Ryan Kelly de Boutonnet Farms. Explica que muchos agricultores a lo largo del Valle de Salinas han barbechado o rastreado sus campos, una práctica mediante la cual los agricultores destruyen el cultivo incorporándolo mecánicamente al suelo.
Con aproximadamente el 46 por ciento de su superficie dedicada a la lechuga, Boutonnet Farms, al igual que otros agricultores de la región, enfrentó una caída significativa tras las noticias del brote. La empresa típicamente cultiva entre 4,600 y 4,800 acres por año y vende a través de una combinación de contratos con comerciantes minoristas y acuerdos de participación de ganancias.
Kelly dice que algunos de esos contratos ayudaron a proteger la labor de asumir la pérdida total; en otras palabras, los agricultores no fueron los únicos en absorber el impacto financiero de la disminución en el consumo de lechuga. El brote se anunció a mediados de la temporada tradicional de cultivo del Valle de Salinas, que típicamente va de la primavera al otoño y concluye cerca de finales de octubre.
Antes del brote, los rendimientos y los precios de la lechuga habían sido fuertes, siendo el cultivo con mejor rendimiento del año para Boutonnet Farms.
“Aún nos quedan unos meses aquí antes de que la temporada termine y se determine cómo fue en general”, dice Kelly. “Aunque estos últimos meses han sido bastante duros, todavía podría resultar —y espero que así sea— en algo positivo”.
Líderes locales dicen que las señales del mercado respaldan una recuperación y que la demanda de verduras por parte de los consumidores es bastante resistente. Kelly señala brotes anteriores de E. coli, donde la demanda regresó aproximadamente de dos a seis meses después. Los precios del mercado, dice, aún no están del todo donde deberían estar, pero se están recuperando lentamente.
“Cuando de la nada se están barbechando campos, o la gente solo consigue trabajo por medio día, sí me preocupa el impacto”, dice el alcalde de Salinas, Dennis Donohue. “Existe el lado humano de todo esto, del cual soy muy consciente. Y luego, como cuestión práctica, tenemos el impuesto sobre las ventas como parte de nuestras proyecciones presupuestarias, por lo que probablemente tendremos que hacerles una prueba de esfuerzo para ver si hubo un impacto”.
Está por verse si habrá algún impacto en la reconstrucción de la inversión en las agencias federales encargadas de regular y monitorear la inocuidad alimentaria.
Sara Rubín contribuyó a este reporte.